Viaje a Cuba 2020


Y así fue, el 18 de Febrero llegaba a Cuba a las 23h y allí estaba Erik, un amigo de un amigo Cubano, para recogerme. Lo primero que me impresionó fue el coche en el que vino a buscarme, un almendrón como ellos lo llaman, que por lo visto era de los años 60. Te pueden contar mil historias de Cuba y ver fotos pero yo hasta que no estuve allí no lo creí. Y sí, es tal y como me habían contado, aquel lugar parece que se paró en el tiempo y así se quedó.

Nos dirigimos a la casa donde me iba a quedar, entre Centro Habana y el Vedado, allí estaba viviendo mi amigo Valenciano que conocí en uno de mis viajes a la India. Chechu es todo un personaje, un viajante empedernido, amante de la música y gran aventurero. Era su segunda vez en Cuba y esta vez se estaba quedando 3 meses por lo que fue de gran ayuda para movernos a lo local y evitar los típicos timos de los primeros días a turistas. Y es que allí es muy fácil que te engañen porque hay dos monedas los pesos cubanos y los pesos convertibles, los cuales son 25 veces más que los primeros. Al principio es un auténtico follón, luego ya te vas habituando pero Chechu me tuvo que avisar más de una vez que me estaban dando gato por liebre ;)

Los primeros días los pasamos habaneando, como nosotros le decíamos, callejeando Habana Central, Habana Vieja, Vedado, Malecón... Hicimos un free tour para saber un poco más de la historia del lugar y sobretodo disfrutamos de la música de las callas y por la noches salíamos a conciertos y a bailar.

La escasez es algo que predomina en la ciudad, cuando llevas unos días te empiezas a dar cuenta realmente de la gravedad del problema. Nosotros comprábamos en el barrio donde vivíamos y nunca sabías que te ibas a encontrar porque los bienes escaseaban, habían días que no te podías tomar el café porque no había, las frutas y verduras siempre eran las mismas porque no había otra cosa, y el día que traían huevos teníamos que hacer colas enormes para poder disfrutar de la tortilla con la que soñábamos... Me quedé alucinada cuando entraba en las farmacias y en los supermercados, no había prácticamente de nada, y además hay que hacer cola para entrar porque van controlando la gente que entra. Muchas veces las colas eran kilométricas solamente porque había llegado algún producto de primera necesidad como el Jabón... Pero no era solo en los alimentos, la gasolina por ejemplo también es un bien escaso y muchas veces las gasolineras estaban cerradas porque no había suministro y cuando abrían os podéis imaginar las colas... En serio aquello es para verlo.

Sin embargo, es un pueblo de artistas, pintores, músicos, bailarines. Los conciertos a los que fuimos nos ponían la piel de gallina, el nivel que hay allí yo no lo he visto en ningún lado. La forma que tienen de vivir la música, lo llevan en las venas.

Después de unos días en la Habana hay que reconocer que el tema se pone intenso... y decidimos movernos un poquito a descubrir nuevos lugares. Cogimos un autobús que en 7 horas se plantó en Trinidad, la joya colonial de Cuba. Y solo bajarnos del bus ya teníamos una fila de locales que querían alojarnos en sus hostales. Nos decantamos por al señora Francisca y no nos equivocamos. Aquella familia nos acogió de maravilla, la habitación tenía terraza con unas vistas preciosas al pueblo y a las puestas de sol. La señora Francisca nos preparaba cada mañana unos desayunos ideales, frutas, zumo de mango, tostadas, tortilla, café... Después nos cogiamos las bicis y nos íbamos a las playas más cercanas, las idas eran fáciles pero las vueltas con el viento en contra se nos hicieron difíciles. Las playas a las que fuimos eran bastante tranquilas, eran bonitas pero tampoco las mejores que hayamos visto y habían algunos pececitos para hacer snorkel.

Las noches las pasábamos en la casa de la música donde siempre había música en directo y al estar en la plaza del pueblo era donde se reunía todo el pueblo a primera hora, luego a las 12 habían varias opciones de discotecas.

Y así entre calles de adoquines, casas de colores, noches de salsa en la casa de la música, paseos en bici, playas paradisíacas, puestas de sol llenas de paz en nuestra terraza y los zumos de mango de la señora Francisca pasamos nuestros dos días en aquel pueblo mágico.

Hay que decir que es bastante turístico pero nos gustó. Recomiendo el hostel donde nos quedamos, nos costaba 15€ la noche con desayuno. No recuerdo el nombre pero está en el callejón Peña y la dueña es doña Francisca, el teléfono: 53612542. Las bicis nos costaron 5€ y entrar en casa de la música 1€.

Y de vuelta a la Habana decidimos pasar a ver la que dicen que es una de las playas más bonitas del mundo, Varadero. Cogimos un bus en Trinidad que se suponía iba a llegar a Varadero en 7 horas pero el viaje se retrasó porque todas las gasolineras por las que pasábamos estaban cerradas y cuando llegamos a una que tenía gasolina podéis imaginar la cola. Tuvimos que esperar una hora en la calle porque la gasolinera no tenía ni bar ni nada para comprar... Fue un viaje bastante largo y pesado porque hay que sumar el añadido que nos tocó delante un Candiense borracho que parecía que se había tragado un altavoz, yo con los cascos a todo volumen solo le oía a el con sus chistes malos de borracho... ommmmmmm... decía yo por dentro para llevar la situación sin saltar de los nervios, intentando aplicar algo de espiritualidad a aquellos momentos desesperantes...

Bien de noche nos dejó el autobús en Varadero y como ya sabíamos que allí nos iba a costar encontrar algo barato y estabamos tan cansados, nos quedamos en la primera casa que vimos que estaba cerca de la playa y nos costó 30€ sin desayuno.

Al día siguiente fuimos a pasar el día a la playa. Un mar turquesa que parecía ponerse más bonito cuando brillaba del sol pero que después de haber estado en Costa Rica y México, aquella playa no me impresionó ni lo más mínimo. Además el turismo masificado de la zona robaba el poco encanto que le pudiera encontrar.

A la tarde regresamos a la Habana donde pasé mis últimas horas del viaje. Nos fuimos de concierto Erik, Chechu y Victor, un amigo argentino muy buen bailarín. Y así entre salsas, música de la que te hace vibrar y la mezcla de humor cubano, español y argentino finalizaba mi viaje.


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