Mi experiencia en el retiro de meditación Vipassana


Hoy, domingo 7 de Enero, acabo de volver de mi retiro de meditación Vipassana de 10 días. Día lluvioso de esos que te apetece quedarte en casa, he aprovechado para tumbarme en mi cama, ésa que tanto he echado de menos, a reposar, meditar y analizar mi experiencia para poder resumirla en este post.

Se me va a hacer difícil describirla con palabras, es como un amanecer o atardecer, por mucho que quieras mostrarlo a través de una foto o describirlo en palabras, hay que experimentarlo para realmente disfrutarlo.

Los que me conocen saben, que no iba muy convencida, me apunté sin pensarlo mucho porque sentí que tenía que vivir aquello, pero cuando se acercó el día, mi mente solo hacía que cuestionarlo; con lo bien que se está en casa en navidades con tu familia y amigos ¿en vez de aprovechar estos días de vacaciones, te vas a ir a meditar 10 horas al día, a levantarte a las 4am, a no poder hacer yoga ni deporte, a no comer después de las 5 de la tarde y a no poder comunicarte con nadie… de verdad hay esa necesidad?

La hora de ingreso se acercaba y mis dudas cada vez eran mayores… encima mi padre me llamó que había tenido un problema y que hasta que no lo solucionase no me podía llevar… los del centro llamándome porque era la hora de ingreso y no había llegado… Finalmente, la última, pero llegué, justo antes de empezar el discurso de inicio del curso, a las 6.50pm… La gente llevaba allí ya unas horas y habían cenado, estaban todos sentados en el patio, esperando en silencio, cuando aparezco yo con mi maleta acompañada de mi padre, inevitablemente el punto de mira… mi padre alucinando un poco porque aun no había entendido bien lo que iba a hacer allí y al igual que mi madre, obsesionados con que aquello era una secta… Le doy dos besos y me dice ¿ cuando te vengo a buscar? Y los dos nos miramos, observados por los espectadores, e inevitablemente se me escapa la risa y le digo: “Pues no lo sé. Estate atento del teléfono por si te llamo para fin de año 😉

No tenía nada claro que fuera aguantar allí 10 días, así que mis metas eran de día en día. A la entrada había un cartel que nos recordaba en que día estábamos y aquel era el Día 0. Solo llegar me hacen entregar cualquier aparato electrónico, libro o libreta y a las 7pm, el discurso empieza. Nos recuerdan todo lo que no se puede hacer: hablar, contacto físico con nadie, escribir, leer, no seguir los horarios determinados, estirar, tomar el sol, nada que pueda distraer a tu compañero y nos separan, hombres a un lado de la casa y mujeres al otro. A las 7.30pm entramos a la sala de meditación y nos asignan un sitio a cada uno, allí nos hacemos nuestro pequeño nidito, aquél donde tantas horas nos iba a tocar encubar el huevo 😉. Yo decido dejarlo tal y como está, únicamente un cojín para el culo y una mantita para taparme. La gente empieza a hacerse montañas de cojines, taburetes, mantas, … todo buscando esa postura perfecta que te permitiera no moverte en 1h.

La primera meditación, posturalmente estuve cómoda, el yoga y mi práctica de meditar 1h al día ayudaba, pero lo que no esperaba era que nos iba a acompañar durante todas las meditaciones aquella voz de un señor mayor llamado Goenka. El hombre se puso a cantar con una voz no muy agraciada y con su garraspera y tos incorporada. La primera vez que lo escuché, no me lo podía creer, aquello parecía una broma, me daba una especie de risa por la situación y una especie también de rechazo, ¿ pero esto que es? ¿ dónde me he metido?... Aquella voz cantando, no me dejaba concentrarme, ”qué alguien calle a este hombre por díos” “al menos qué pongan a alguien con una voz bonita, por favooooooor” Allí estaba yo, luchando y queriendo cambiar la situación, sin aceptarla, primera lección aprendida. La meditación acaba y nos vamos a dormir. Me voy directa a la cama, estaba agotada y caigo redonda en aquella litera que me habían asignado en aquella diminuta habitación con cuatro compañeras, que parecían muy agradables.

Día 1.

El dong suena a las 4am. No me cuesta levantarme, de normal me levanto a las 5am así que esto tampoco fue algo difícil para mí. Nos aseamos y a las 4.30, ya estábamos allí de nuevo cada uno sentado en su nidito en aquella sala de impoluto silencio y seriedad, y de nuevo el audio con aquél hombre mayor cantando sus cánticos y guiándonos la meditación. ¿ en serio? Tenía la esperanza que aquello solo hubiera sido en la bienvenida, pero pobre me mí, lo que no sabía, era que me iba a tocar escuchar al señor Goenka, en cada una de los próximos 10 días… Mis meditaciones estaban inundadas de pensamientos… Mi mente ya estaba como siempre haciendo de las suyas y planificando… ¿ y si me voy mañana? Así puedo aprovechar estos días de vacaciones y me voy a hacer clases de yoga en diferentes escuelas de Barcelona… mi mente todo el rato buscando un plan para huir de allí… creo que esto no es lo mío… este hombre no me gusta nada… y la gente de aquí es muy rara… sí, ya está, mañana hablo con la profe y me voy… ya meditaré en casa… Las dos horas de meditación de la mañana se me hicieron interminables… solo hacía que pensar en el desayuno y por fin… Dong! Hora del desayuno… me levanto la primera y soy la primera para entrar a desayunar… Wow!!! Increíble desayuno, justo lo que a mi me gusta, zumo de manzana hervida, porriges, pan de semillas con tomate, aceite y gomasio… encima comiendo en silencio, despacito, relajadas después de meditar… aquello era gloria, de mis momentos preferidos del día. Después aproveché para caminar por aquél enorme jardín donde había una especie de circulo y nuestras caminatas consistían en dar vueltas alrededor… solo otra mujer y yo, todavía de noche pero ese paseo después de desayunar bajo las estrellas y la luna me encantó y se volvió parte de mi ritual allí. Además, aproveché que poca gente salía a caminar a esa hora y que aun estaba oscuro, para hacer mi primera trampa y estirar todo mi cuerpo… no tenía esterilla pero había un banco donde podía hacer las asanas principales, definitivamente, aquello me ayudó muchísimo a sentirme mejor, mi cuerpo lo estaba deseando después de estar sentando en la misma postura.

A las 8 de vuelta a meditar 1h, break y de vuelta a meditar pero esta vez la profesora dijo que podíamos hacerlo en el cuarto. ¿ en serio? Perfecto, pues yo me voy a dormir…mis compañeras, muy aplicadas, se sentaron en la cama a meditar, yo lo probé pero la cama me resultaba muy incómoda para meditar, definitivamente la cama para mí era solo para dormir y como no sé porque pero ese primer día estaba tan cansada, posiblemente por estar todo el rato luchando con mi mente… yo me puse a dormir… y de repente, Dong! Hora de comer… me había dormido una hora, abro la puerta de la habitación que daba justo al comedor y ya estaba allí de nuevo, la primera para la comida. De nuevo increíble buffet, parecía hecho a mi medida, todos los alimentos vegetarianos que me encantan, cómo yo suelo comer en casa pero allí todo sabía diferente, la comida tenía algo especial que con los días lo entendí. Todo estaba cocinado con muchísimo amor, toda la gente que allí trabajaba para que no nos faltara de nada, eran servidores voluntarios que ya habían realizado un curso de Vipassana y que meditaban a diario y eso sin duda se notaba. Además de comer en silencio, con presencia y conciencia, lo noté muchísimo, como comiendo similar a casa, allí la comida me sentaba muchísimo mejor y me daba más bienestar y energía.

Después de comer, de nuevo caminata ( mi ritmo al caminar era bastante acelerado en comparación a los demás, pero era como una necesidad de moverme después de tanto rato parada que no podía reprimir), me duché y a las 1pm se volvía a meditar donde se prefiriese, en la habitación o en la sala, esta vez ya estaba descansada e hice bondad y me fui a la sala a meditar y a las 14.30h otra vez meditación todos juntos y a las 15.30h meditación en la habitación o sala. Las hice todas en la sala, ya que para mi ir a la habitación suponía dormir y aunque planificaba irme en breve, decidí antes dar una oportunidad a la técnica…

A las 17h hacíamos merienda cena, 2 piezas de fruta y un vaso de leche y ya no comeríamos nada más hasta el desayuno del próximo día… así que opté por ponerle bastante miel a la leche para que me llenara y poder aguantar… Después, paseíto al atardecer y de vuelta a meditar a las 18h. A las 19.15h discurso del señor Goenka donde se explicaban enseñanzas del Dhamma, que la verdad es que me gustaban mucho aunque el hombre se enrollaba como una persiana… y a esas horas yo ya estaba muerta de sueño y me iban escapando cabezadas además de la incomodidad de tantas horas con el culo allí puesto… Lo peor fue la última meditación, después de aquel discurso que nunca acababa yo solo me quería meter en la cama, y eso hice. El dong de la última meditación sonó y yo pensé, yo me quedo en la cama, nadie se va a enterar, además yo creo que me voy mañana… Pues de eso nada, me vino a buscar la profe al cuarto “ Sandra hay que ir a meditar “ “ ya lo sé… pero no puedo más… yo no sé si voy a aguantar esto…” “ Venga que la última solo son 30 min…” y medio sonámbula allí volví a aposentar mi culo y a escuchar aquél hombre que no se callaba ni debajo del agua… Definitivamente mañana me invento una escusa y me voy…

Día 2.

No sé que había pasado esa noche, pero había dormido como un bebé, así que no me costó nada despertarme a las 4am… y como ya sabía las dos horas de meditación que me esperaba, parece que mi mente lo aceptó y lo supe llevar mucho mejor… ya no me molestaba aquel hombre, aceptaba la realidad del momento e intentaba vividla de la mejor manera posible, y así pasé la meditación de la mañana, trabajando la aceptación, observando los pensamientos que venían a mi mente e intentando no distraer mi atención de la respiración. Por suerte, no tenía que pelear mucho con la postura, la cambiaba unas 3 veces por hora pero no sufría dolor. En la meditación de las 8am todo mi plan de irme cambió. Fue una meditación tan buena, en la que sentí tanta paz y armonía que decidí quedarme unos días más. ¿Cómo podía haber cambiado tanto de un día al otro? Las meditaciones se me hacían muy llevables y me producían tal estado de bienestar que me empezaron a encantar. Los pensamiento por allí seguían pero iban perdiendo fuerza y eran flashes de imágenes que iban y venían… No tuve reloj en todo el curso, así que perdí la noción del tiempo y me iba guiando por los dongs y los relojes del baño y el comedor. Los paseos se hicieron cada vez más agradables y toda la estancia en general. El discurso cada vez me gustaba más pero mi cansancio y sueño a partir de las 8pm era tal que me quedaba dormida y la última meditación era lo que más me costaba, solo quería meterme en la cama.

Día 3

Misma rutina de siempre, pero cada día la llevaba un poquito mejor y cada día notaba más mi progreso en la meditación, era más consciente de las sensaciones en mi cuerpo, aguantaba mejor las posturas, observaba mejor aquél flujo de pensamientos continuos e incluso a veces conseguía reducirlos, mi mente estaba más calmada y enfocada y mi ritmo en todo empezó a ralentizar… Esa noche me vino la regla y no pude dormir con fuertes dolores de barriga cómo hacía tiempo no había tenido, sin embargo me sentía descansada.

Día 4

La mañana transcurrió con normalidad con esa sensación de paz y bienestar que me venía acompañando los últimos días y cada vez más habituada a la rutina, más familiarizada con el lugar y con la gente con la que estaba compartiendo la experiencia, que aunque no habláramos, se creaba un vínculo muy bonito porque aunque cada uno a su manera todos estábamos pasando por el mismo proceso. Podía ver en cada una de aquellas caras alguna parte de mí e incluso de la que más diferente me sentía, todas eran espejo de una parte de mí, todas me estaban enseñando algo.

La tarde se hizo bastante dura, empezamos con la técnica Vipassana y las meditaciones cambiaron, ahora se requería mucha más concentración porque ya no era solo observar respiración, además te pedían que mantuvieras la Ecuanimidad y que evitaras cambiar la postura, sin apegarte a las buenas sensaciones de la meditación, ni creando aversión o rechazo a la incomodidad de la postura.

Goenka repetía una y otra vez, tengo su voz grabada a fuego cuando decía “ANICCA ANICCA ANICCA” ( hasta soñaba con esas palabras) que significa impermanencia, que todo lo que surge desaparece, tanto el placer como el dolor. Por eso tan importante, practicar durante la meditación ese estado de equilibrio del que no debe sacarte ni el apego al bienestar ni el rechazo al dolor. Mucho trabajo que hacer ahí. Hasta ahora me había preocupado de mantener la meditación en la comodidad, sin aguantar el dolor, cambiando de postura y estirando mi cuerpo continuamente a escondidas por las mañanas y en cada descanso en el baño. Por eso, en general estaban siendo meditaciones placenteras y me estaba apegando un poco a ello, a esa sensación de paz y bienestar que sentía y mi mayor dificultad estaba siendo aceptar que la mente no se callaba, que no paraban de venir imágenes de cosas que no venían a cuento para nada, de lugares, personas, experiencias del pasado y planificaciones y expectativas del futuro.

Aceptar que esa era mi mente y tan solo observarla desde la ecuanimidad manteniendo la concentración en solo seguir la meditación sin dejarme distraer por ella, era un gran reto para mí. Desde muy pequeña he sido siempre una soñadora nata, me cuesta mucho concentrarme, me distraigo enseguida, mi mente siempre está volando, imaginándo y creando, separarme de ella estaba, no estaba siendo nada fácil. Pero ahora la cosa se complicaba, se requería más concentración para sentir cada parte de tu cuerpo como la técnica de meditación Vipassana demanda y mucha ecuanimidad para permanecer en la postura a pesar del dolor, además de evitar esas expectativas y búsqueda impaciente por buenas sensaciones en la meditación.

Día 5

La práctica constante era la clave, cada vez iba notando como mejoraba en la técnica y en mantener la ecuanimidad de mantener la postura, solo necesitaba cambiar dos veces de postura y a veces incluso aguantaba la hora. Empecé a sentir sensaciones que no hubiera imaginado, a notar cada parte me mi cuerpo, a poner la mente totalmente en blanco y lo que para mí era brutal, empezar a sentir todo el flujo libre de energía recorriendo tu cuerpo, como una corriente eléctrica de arriba a bajo.

Pero lo que no me estaba dado cuenta era que aguantaba porque apenas sentía dolor y que las sensaciones estaban siendo tan buenas que me esta empezando a apegar a ellas, estaba deseando sentarme a meditar para volver a sentir lo mismo.

Día 6

De los más agotadores, aunque siempre siguiéramos la misma rutina cada día era tan diferente… de haber pasado un día con meditaciones tan placenteras de repente llega otro en el que te das cuenta que ese deseo por tener buenas sensaciones creaba tales expectativas que te sacaban del equilibrio, de la ecuanimidad, generando apego y entonces cuando esas sensaciones tan maravillosas no aparecían, me costaba mucho concentrarme, me peleaba con la mente que no se callaba y creaba tensión en el cuerpo que salía a flote en forma de dolor.

Sin embargo, es curioso como los días más duros, vistos con perspectiva fueron los que más me enseñaron. A aceptar la realidad tal y como es, y si un día tu mente está más agitada, no te puedes concentrar, no consigues sentir las sensaciones sutiles en el cuerpo y hay incomodidad o dolor, a observarlo todo desde la ecuanimidad sin perder el equilibrio. Sin duda, las meditaciones más difíciles fueron las que realmente me iban enseñando a entender la técnica y no los días fáciles en los que sentía flotar.

Día 7

Poco a poco iba integrando las enseñanzas, mejorando en la ecuanimidad, entendiendo mejor la impermanencia, aceptando mi realidad tal y como es, mejorando la concentración, la presencia en el día a día en cada uno de mis actos y no solo en la meditación. Disfrutando de cada segundo que me brindaba aquella maravillosa experiencia. No me creía que lo estuviera llevando tan bien, habiendo llegado al día 7 cuando el día 1 ya me quería ir… de nuevo, reflejo de la ley de la impermanencia, cada día, hora, minuto diferente, ahora parecía que no me quería ir, con lo que había dudado el ir y ahora no quería que aquella sensación de bienestar, paz y calma acabara.

La comida seguía siendo maravillosa día tras día ¡qué bien me estaba sentando! Además el sol nos estaba acompañando esos días y me sentaba a comer bajo los rayos del sol, fundiéndome con el todo, paz es lo que corría por mis venas esos días. Luego nos tumbábamos en la hierba, ¡qué bien sentaban esas siestas reposando la comida! Y las caminatas cada día me apetecía hacerlas más largas, mi paso se había ralentizado muchísimo desde el primer día, al igual que mi mente, lo notaba en todo, más consciente, presente, en calma y armonía. En mi retina se quedaron grabados aquellos atardeceres que algunas tardes nos regalaron, con aquella mezcla de colores en el cielo.

Día 8

Día en general muy agradable y placentero, bienestar es la palabra que describía mis momentos allí pero si que es verdad que ya empezaba a echar un poco de menos mi vida, mi casa, mi gente, mis perros ( me los como a besos cuando vuelva!!!)…

Es curioso como todo lo que voy aprendiendo estos días lo he leído mil veces en un montón de libros. Física cuántica, budismo, la ciencia del yoga, el coaching, autoayuda…, todos, diferentes formas, dicen lo mismo. Pero está claro que por mucho que leas, puedes adquirir conocimientos pero hasta que no te pones a practicarlo con plena consciencia, a experimentarlo en tu propia piel día tras día, no se integra y se vuelve valioso de verdad, convirtiéndose en sabiduría.

También ví claro como la vida me había llevado a ese retiro por una razón y viendo como todo lo que iba extrayendo de allí se podía aplicar a mi vida diaria y como lo iba a integrar en mis clases para compartirlo con los demás. Mi vida ahora está enfocada al bienestar y a compartir todo lo que voy aprendiendo con los demás, acompañándolos en el camino, aportando mi granito para expandir consciencias.

Día 9

Es curioso todos los recuerdos que vinieron a mi mente aquellos días, de tantas personas, países y experiencias que habían pasado por mi vida, sería interminable si los nombrara, pero aunque no le daba bola a las imágenes que iban viniendo, dejando pasar los pensamientos, era como estar viendo la película de mi vida, parecían varias vidas de todo lo que había pasado en estos años, y en general todo tan bonito que no podía parar de sentirme tan afortunada por todo lo que la vida me ha dado y como mi camino me había llevado a donde estoy.

Día 10

Hoy era el día que se rompía el noble silencio y la verdad es que yo no quería, por un lado tenía curiosidad por saber un poco más sobre aquellas caras que habían acompañado esos día, pero por otro, no quería perder aquél preciado silencio y calma que me ayudaba a interiorizar, salir del ego y de la mente. Fui la última en salir de la meditación, no quería salir de aquél estado, pero poco a poco se fue empezando a escuchar las voces y mi concentración desapareció, así que, aunque me costó, salí a la realidad.

Aunque no tuviera ganas de hablar si que tenía curiosidad por saber de algunas de ellas, tenía muy claro con quién, la conexión que había sentido con algunas a lo largo de los días era evidente, quería desvelar si mi intuición había acertado, y curioso fue que no me equivoqué. Fue sorprendente cuando hablé con ellas y entendí que no había sido casualidad coincidir y que eran almas que se tenían que cruzar en mi camino.

Por lo visto, mi resumen se ha extendido más de lo previsto, y eso que no me he querido expandir en detalles… Quiero recordar que cada persona tiene una vivencia diferente en estos días y que tan solo he contado, cómo yo lo he vivido y seguramente me he dejado muchas cosas importantes en el camino. Eran muchas las cosas que experimentabas en un día y al no tener nada para anotar, muchas cosas se han quedado en el aire.

En definitiva, 10 días muy valiosos para mí, gotitas de sabiduría que me llevo puestas y que me hacen empezar el año desde una nueva perspectiva. Muy recomendable para gente que busque dar un paso más allá en su desarrollo personal, días que se resumen en aprendizaje, sabiduría, autoconocimiento, bienestar, paz, armonía y mucho amor.

Si queréis más información sobre el centro donde yo lo hecho aquí os dejo la web:

https://www.neru.dhamma.org/es/


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